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By Willa Cather

"Some people's lives are tormented by what occurs to their individual or their estate, yet for others destiny is what occurs to their emotions and their thoughts—that and not anything more." during this haunting 1935 novel, the Pulitzer Prize–winning writer of My Ántonia and Death Comes for the Archbishop plays a chain of crystalline diversifications at the issues that preoccupy her maximum fiction: the impermanence of innocence, the competition among prairie and town, provincial American values and global tradition, and the grandeur, elation, and heartache that watch for a talented younger lady who leaves her small Nebraska city to pursue a existence in art.At the age of eighteen, Lucy Gayheart heads for Chicago to check tune. She is gorgeous and impressionable and ardent, and those traits allure the eye of Clement Sebastian, an getting older yet charismatic singer who workouts all of the tragic, sinister fascination of a guy who has renounced existence in basic terms to show again to grab it one final time. Out in their doomed love affair—and Lucy's deadly estrangement from her origins—Willa Cather creates a unique that's as achingly attractive as a Schubert sonata.

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The Limits of Interpretation (Advances in Semiotics)

"Eco’s essays learn like letters from a chum, attempting to percentage whatever he loves with a person he likes. .. . learn this marvelous, stress-free, and probably progressive e-book. " ―George J. Leonard, San Francisco evaluation of Books". .. a wealth of perception and guide. " ―J. O. Tate, nationwide Review"If somebody could make [semiotics] transparent, it is Professor Eco.

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No quiso ver que cuando él se hubiera marchado los días y las horas no l. a. conducirían a ninguna parte. El sábado por los angeles mañana, Lucy estuvo con Sebastian y Auerbach en el estudio del cantante. Los dos hombres charlaron un rato a solas antes de avisarla. Hablaban a Lucy, hablaban de Lucy, hablaban junto a Lucy. Ella a veces escuchaba y a veces dejaba de prestar atención. los angeles presencia de Auerbach l. a. volvía indiferente a todo. Conocía al uno desde hacía mucho tiempo, y al otro íntimamente, y de pronto parecía ser una extraña para los dos. Se sentía como si aspirase a un puesto y tuviera pocas posibilidades de obtenerlo. Además, tampoco lo deseaba, fuera el que fuese. No tenía ni una gota de ilusión o de deseo, y no creía en nada de lo que estaban diciendo. los angeles siguiente bofetada se l. a. llevó al saber que Sebastian no pasaría el próximo invierno en Chicago, sino en Nueva York. Ella debía reunirse con él allí en noviembre, para reanudar su trabajo. Sebastian y Auerbach decidieron que pasara el verano en Chicago, preparándose para los angeles temporada siguiente. Auerbach no pensaba salir de los angeles ciudad, pues estaba ahorrando para llevar a su familia al extranjero el próximo año. Su estudio estaba pagado hasta el mes de octubre. Sebastian propuso que Lucy se instalara allí en cuanto él se hubiera marchado; period mucho más agradable que l. a. habitación donde vivía. Lucy los escuchaba sin hacer comentarios, pero en ese momento intervino. –No, no puedo dejar mi habitación, señor Sebastian. Me he acostumbrado, y me siento a gusto allí. –Pero aquí tendrás los angeles brisa del lago. Ya sabes que en Chicago hace mucho calor. En seguida te sentirás como en casa... ¡si es que no te sientes en ella ya! Lucy negó con los angeles cabeza. –No, no podría. No me sentiría bien aquí. Auerbach causeó razonar con ella, pero Sebastian lo interrumpió. –Déjalo Paul, no debemos presionarla. Pero ¿verdad que querrás venir aquí a practicar, Lucy? ¿No irás a dejar ocioso un piano como éste? Sí, le gustaría trabajar con ese piano. –Pero necesito un poco de tiempo para pensarlo. –No disponemos de mucho tiempo, Lucy. No quiero marcharme dejándote en el aire. No puedes pasar el verano vegetando en el campo. Queremos que te prepares a fondo para los angeles próxima temporada. Paul ya sabe lo que en mi opinión necesitas trabajar principalmente, y ha prometido dedicarte mucha atención. Llegado este punto, Auerbach se levantó para marcharse. Se quedó un momento con el sombrero en los angeles mano, mirando con una sonrisa el rostro abatido de Lucy. –Espero que Clement logre convencerte, Lucy. Un invierno en Nueva York podría sentarte muy bien. Después, en primavera, tal vez pudieras venir con mi familia a Viena. Mi mujer ha dicho muchas veces que le encantaría que nos acompañaras. –Los dos hombres salieron juntos hasta el ascensor. Lucy sabía que seguían hablando de ella y deseó que desparecieran para poder llorar a su antojo. No se sentía capaz de hacer lo que le estaban pidiendo. Sebastian regresó y se detuvo delante de ella, que estaba desmadejada en una esquina del sofá. –¡Qué mañana!

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